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Julio, 2008

Mie 23 Jul, 2008 GMT

Sorolla

Vilagarcía, el taller de Sorolla en Galicia

Texto: Montse Fajardo

El 8 de julio de 1915, el pintor valenciano Joaquín Sorolla llegaba a Vilagarcía con el encargo de pintar un óleo representativo de Galicia. Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, le había encargado, cuatro años atrás, decorar una gran estancia con paneles que ilustrasen las distintas regiones de España. Los primeros los hizo en su estudio, basándose en distintas postales de las zonas elegidas, pero a partir de ahí decidió viajar in situ a los lugares que después plasmaría en sus lienzos.
El gran mural de ambiente gallego titulado La romería forma parte de la gran exposición itinerante Sorolla. Visión de España, propiedad de la Hispanic Society de Nueva York. La muestra pictórica se expone desde principios de este mes en Valencia y después se llevará a Sevilla, Málaga, Bilbao, Barcelona y Madrid. Sus organizadores dejaron Galicia de lado.
Entre los lienzos de distintos ambientes de España encargados por la sociedad al pintor valenciano se encuentra La romería, que Sorolla pintó en un jardín de la zona vilagarciana de Vista Alegre.

La finca Vista Alegre

La parcela, en su día adscrita al pazo, era en 1915 propiedad de la familia de Antolín J. García. Hoy forma parte del recinto del colegio filipense Sagrada Familia pero todavía es fácil reconocer el paisaje que plasmó Sorolla, con la isla de Cortegada al fondo. Al perfil se han incorporado, con el paso de los años, edificaciones como la subsede de bomberos
—ubicada en terrenos portuarios—. Además, el jardín ya no conserva los castaños del óleo. Julia Garrido, directora del centro vilagarciano, explica que enfermaron de “tinta” hace unos años,y se secaron por completo. Pero para no perder esa reseña, el centro decidió conservar los tocones y plantar nuevos árboles en su lugar.
La visita de Sorolla es, sin duda, uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la ciudad y sin embargo, hay muy poca bibliografía que lo recoja. “De otros cuadros de esta serie hay mucha documentación obtenida del carteo entre el artista y su familia pero el problema de Galicia es que viajó con ella y por tanto, no existe ese recurso”, explica el vilagarciano Santiago Paz. Ex presidente de la ANPA del colegio filipense, Paz es una de las personas que más se han interesado por este episodio poco publicitado de la historia de la ciudad. En su investigación llegó a contactar con la biznieta de Sorolla, Blanca Pons-Sorolla y a él debemos las aportaciones de Pons a este reportaje en el que también fue básica la ayuda de Víctor Viana. El pediatra era uno de los miembros de la Asociación para el estudio de la historia de Vilagarcía y comarca, responsable de la edición de la revista Arealonga que, en 1983, dedicó un número completo a la visita del maestro.
Manuel Sánchez de Diego Fernández de La Riva, actual propietario del pazo, recuerda que durante esa visita Sorolla entabló gran amistad con Eleuterio Vega, carpintero vilagarciano que le construyó el andamio para sostener el gigantesco panel. Tanto es así que cogió como aprendiz a su hijo Manuel.

El 8 de julio de 1915, el pintor valenciano Joaquín Sorolla llegaba a Vilagarcía con el encargo de pintar un óleo representativo de Galicia. Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, le había encargado, cuatro años atrás, decorar una gran estancia con paneles que ilustrasen las distintas regiones de España. Los primeros los hizo en su estudio, basándose en distintas postales de las zonas elegidas, pero a partir de ahí decidió viajar in situ a los lugares que después plasmaría en sus lienzos.
El gran mural de ambiente gallego titulado La romería forma parte de la gran exposición itinerante Sorolla. Visión de España, propiedad de la Hispanic Society de Nueva York. La muestra pictórica se expone desde principios de este mes en Valencia y después se llevará a Sevilla, Málaga, Bilbao, Barcelona y Madrid. Sus organizadores dejaron Galicia de lado.
Entre los lienzos de distintos ambientes de España encargados por la sociedad al pintor valenciano se encuentra La romería, que Sorolla pintó en un jardín de la zona vilagarciana de Vista Alegre.

Sorolla, pintando en el jardín del pazo de Vista Alegre. / hispanic society

Aspecto actual del lugar elegido por Sorolla para ‘La romería’. / J. L. Oubiña.

Amistad con Poyán

El nieto de Eleuterio, Manuel R.Vega, recuerda así la relación entre su padre y el pintor: “Al parecer, Sorolla llegó a Vilagarcía recomendado a los dueños del pazo de Vista Alegre y poco después trabó amistad con Daniel Poyán, al que le explicó sus proyectos sobre el cuadro que iba a pintar en Vilagarcía así como sus necesidades”.
La primera de ellas era la construcción de un tablado grande al aire libre en donde él se podría instalar con sus pinturas y un andamio para sostener el peso del cuadro. Para dicha labor, Poyán recomendó a Vega, que además se encargó de realizar un toldo para proteger la pintura. En ese trabajo colaboró su hijo Manuel y fue entonces cuando fue presentado a Sorolla.
La revista Arealonga recoge que el pintor tomó tanto interés por él que lo hizo guía de sus excursiones y ayudante en el acto de preparar la paleta antes de ponerse a pintar. Incluso llegó a hacerle de intérprete oficial cuando el maestro tenía dificultades para entender el gallego. Así, le acompañó por la ciudad buscando modelos.

Sorolla y Vilagarcía

Al parecer, a Sorolla le gustaba especialmente visitar el mercado vilagarciano y, según apuntan tanto Viana como Sánchez de Diego, acabó tomando como modelos a trabajadores del propio pazo. De hecho, se conoce la identidad de la mayoría de los personajes que aparecen en La romería. Lo visitaba, sobre todo, durante los días de feria cuando los campesinos exponían sus mercancías. Cuando veía un rostro interesante le rogaba al joven Vega que hablase con él para ver si podía dibujarlo. Aparentemente siempre conseguía el permiso y llenaba páginas rasguñando caras y figuras del pueblo.
En varias ocasiones, deseó hacer dibujos muy rápidos en colores para captar la impresión del ambiente que le gustaba y por ello llevaba con él una cajita que contenía pinturas al óleo, pinceles y pedazos de cartón grueso. Así, cuando veía un lugar interesante, sacaba su paleta y sus óleos y pintaba la impresión rápida en el cartón. En la caja también había barritas de madera que usaba para separar unos cartones de otros.
Sorolla, que siempre fumaba puros en estos paseos, tomó tanto cariño a Manuel que quiso llevárselo como aprendiz cuando se fue de Galicia, pero su padre no lo consintió.

El pintor hizo otras tres obras realizadas en Arousa

-Cocina mexicana (tapas, antojitos)
-El Oyamel abrió en 2004 y se mudó de las afueras —Cristal City— al centro de Washington
-En el Penn Quarter

Mientras Sorolla estuvo en Vilagarcía —al parecer, se alojaba en una casa ya derribada ubicada en la zona de O Castro, en concreto en la calle General Pardiñas— realizó otras obras además de La romería.
Florencio Santa-Ana, director del Museo Sorolla, explica que sólo se tiene constancia fehaciente de la existencia de otros tres cuadros. Se trataría de El gaitero gallego, que algunos consideran un estudio preparatorio de La romería pero que, según el experto, se realizó después del panel; El tipo de Galicia, que refleja a una joven ataviada con un traje típico y, al cuello, un colgante que el museo conserva; y un gouache (especie de acuarela que usa el blanco como pigmento) denominado Músicos gallegos. “A partir de ahí se ha querido vincular a esa zona otros cuadros pero no hay confirmación”, dice.
La bisnieta del pintor, Blanca Pons, es una de las defensoras de que la obra es más amplia. Se basa en anotaciones de Sorolla, según explica en un comunicado remitido al vilagarciano Santiago Paz.
En dicho comunicado, Pons habla de dos cuadros, La ría de Villagarcía de Arosa, del que existen notas del autor pero se desconoce su paradero, y de Lavanderas de Galicia, que dada su similitud le hace pensar que fue hecha en esa zona.

Pons explica que los dos, además de tener las mismas medidas, de un formato poco habitual en Sorolla, tienen el mismo tipo de lienzo y bastidor, también atípicos, y una imprimación sepia oscuro que le hace pensar que fueron lienzos comprados en Galicia. Asegura que en los dos casos fueron regalados a dos buenos amigos. Lavanderas de Galicia, a un médico gallego, afincado en Madrid, con quién Sorolla intimó a raíz de la enfermedad que contrajo su hijo en 1913, y La ría de Villagarcía de Arosa, procedente de la testamentaría de Sorolla, se lo regaló Clotilde García, su viuda, poco después de la muerte del pintor, a un fotógrafo amigo.
Explica que, a través de una nota enviada por la viuda a su hija María, en la que le hace relación de los apuntes procedentes de su legado testamentario y regalados por ella a amigos e instituciones benéficas, titula el cuadro Paisaje de Villagarcía. Para Pons es un punto importante a la hora de confirmar el lugar de realización de Las lavanderas, al coincidir que en ambos cuadros se recogen lavanderas en la orilla.
Pons explica que las piezas habrían sido pintadas en momentos distintos pues ni la luz ni la colocación de las figuras son las mismas. La bisnieta subraya de Lavanderas de Galicia la potencia del color de las aguas, que reflejan el azul del cielo al igual que ocurre en La romería.

Cuadro de Sorolla pintado en Galicia.

‘El tipo de Galicia’

“Elegí Villagarcía por ser más popular y porque deseo que sea el fondo del cuadro”

“El insigne pintor valenciano D. Joaquín Sorolla se encuentra entre nosotros desde ayer con su distinguida familia. Hemos tenido el honor de estrechar la mano de esta gloria del arte pictórico español”. Así anunciaba un periódico local, el 9 de julio de 1915, la visita de Sorolla a Vilagarcía.

La noticia recogía incluso declaraciones del pintor explicando por qué había elegido esta ciudad para su cuadro sobre Galicia: “Necesito trasladar al lienzo algo de lo típico de esta tierra y Villagarcía me pareció muy a propósito para la consecución de mis deseos, y lo que ahora quiero, es un lugar tranquilo y soleado en que poder trabajar a la vista de los modelos vivientes a buscar entre la gente del campo y del mar”, explicó al llegar a la ciudad.
Ya instalado, fue entrevistado por Daniel Poyán para el periódico Galicia Nueva. En dicha entrevista, publicada el 18 de julio, el pintor explicaba: “Tengo el encargo de pintar el friso de un gran salón del museo hispano erigido en Nueva York dedicado a la cultura española por la sociedad hispanófila que preside el ilustre admirador de España Mr. Huntington. Será un gran friso, con interrupciones, de setenta y pico metros de largo. En él estarán representadas las diversas costumbres y tipos de todas las regiones españolas con figuras de tamaño natural y este verano me ha tocado venir a pintar a Galicia. Elegí Villagarcía por ser más popular, más conocida, por su hermoso horizonte y porque deseo caracterizar el escenario de mi cuadro, con el fondo de esta bella ría”. Preguntado por los elementos de su composición explicaba que habría “hombres, mujeres, bestias, de todo; trajes típicos y actuales; enseres del trabajo, la genuina representación de la vida gallega (...) Iré a Santiago a saturarme del puro ambiente gallego, a ver fisonomías de carácter y a procurarme algún traje, monteras, etc...” Finalmente, parece comprobado que encontró sus modelos mucho más cerca, incluso en el pazo de Vista Alegre. Viana dice que la primera figura del óleo, a la izquierda, palo en mano, era un vendedor de ganado. Le siguen Manuel Novás, Carmen Galbán, Dolores Novás y Esperanza Tarrío. Y sentadas, Socorro Rey (en primer término) y Lucía Vega (al fondo). El gaiteiro era O Xubieiro.

Joaquín Sorolla

Gaitero gallego

‘La romería’

‘Músicos gallegos’

‘Lavanderas de Galicia’



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Mie 16 Jul, 2008 GMT

Alimentos Gratuitos

Los vilagarcianos hicieron cola para recoger lechuga, tomates y pimientos

ANÁLISIS DE S. LÓPEZ

Guardar la cola por riguroso orden fue una imposición de los vilagarcianos que puntuales, al mediodía, se acercaron al “Agrobús” de Unións Agrarias a sabiendas de que estaba en juego una bolsa de productos de la huerta de O Salnés. Se apuntaron a la campaña del sindicato y cuando todo es gratis, todavía mejor.

Algunos se paraban a estampar su rúbrica, firmemente convencidos por una reivindicación que consideran justa, otros que no sabían de qué iba aquel tumulto se limitaron a extender la mano, recoger una de las bolsas y retirarse discretamente para comprobar el contenido: Una lechuga, unos cuantos tomates y otros tantos pimientos verdes.

En un día de mercado, cargados con bolsas y carros de la compra, algunos lamentaron no haberse enterado antes de tal iniciativa, ya que se hubieran ahorrado el alto coste de unos productos que eran el vivo ejemplo de la denuncia de Unións Agrarias.

La protesta llegó, por tanto, a las calles de Vilagarcía, donde muchos se mostraban convencidos de que la campaña, en caso de tener una respuesta positiva por parte de las administraciones, les podría repercutir en el bolsillo si al final se deciden a bajar el coste en el mercado.

Lo cierto es que hubo muchos que agradecieron la iniciativa de Unións Agrarias alabando incluso su forma de protesta. Tanto que hicieron que uno a uno todos los miembros de una familia mostraran su solidaridad con los agricultores recogiendo el fruto de sus esfuerzos. Al final, hasta se vieron cinco bolsas por familia e incluso dos y tres por persona, que ya no disimularon su gusto por “lo gratuito”.

Aunque hubo colas, el reparto se hizo sin mayores problemas y Unións Agrarias resolvió ayer más de una mesa en Vilagarcía con una buena ensalada, de las que saben bien porque no se pagan.

Di@rio de Arousa

Cerca de cuatrocientas personas acudieron en la mañana de ayer, al reparto de alimentos llevado a cabo por el sindicato Unións Agrarias en Vilagarcía.

Los viandantes que se acercaban a media mañana a la avenida da Mariña recibían una bolsa de cartón con una lechuga, tomates y pimientos, ya que según afirmaban los responsables de Unións Agrarias, "es mejor regalarlo que venderlo por una miseria a las áreas comerciales".
Según han explicado miembros del sindicato, los pequeños agricultores se ven obligados a vender los productos a un precio, en ocasiones inferior al que les cuesta producirlos, por la presión que realizan las grandes superficies comerciales, quienes pagan una miseria por kilogramo al trabajador del campo. Según explican se ven obligados a vender el producto porque si no lo hacen, pierden la cosecha.
Lo grave de la situación es que esos mismos productos posteriormente se venden en los supermercados con una subida, en ocasiones, del quinientos por cien.
Ante esta situación que califican de insostenible, los agricultores exigen una regulación de los márgenes comerciales que permitan precios justos tanto para los productores como para los consumidores, evitando un incremento que únicamente favorece a las grandes áreas comerciales.
Los miembros del sindicato exigen además, un doble etiquetado que muestre los precios de origen de los productos y el de destino, con la correspondiente denominción de origen de los mismos, para que el consumidor final tenga claro de donde procede lo que consume y lo que incrementa el precio a lo largo del proceso.
Ante la gravedad del problema, Unións Agrarias mantuvo conversaciones la mañana de ayer con varios representates de los sindicatos de la zona, quienes afirman que los agricultores y ganaderos necesitan más garantías. Piden impulsar la implantación de códigos de buenas relaciones comerciales que autorregulen las relaciones entre los distintos entes que intervienen en la cadena alimenticia, a la vez que intentan promover una normativa que incentive las relaciones contractuales en las que se garantice que el precio que reciben los ganaderos y agricultores cubrirá al menos los gastos de producción.
Durante la jornada de ayer, el Agrobús situado en la avenida da Mariña, repartió folletos informativos a la ciudadanía con la intención de poner en su conocimiento el problema, a la vez que recogían firmas para apoyar la protesta, que de algún modo afecta a todos.
Por su parte, los arousanos, manifestaban estar totalmente de acuerdo con los cambios que proponía el sindicato, a la vez que se quejaban de la gran subida de los precios que en los últimos tiempos se está registrando en la cesta de la compra.
El autobús recorrera diversas ciudades gallegas.

Faro de Vigo

«Por unha leituga a nós páganos 20 céntimos e, despois, véndena a 93», explica Manuel Ángel Dopazo, secretario general de la formación en O Salnés. Asegura que, mientras a los agricultores se le incrementan los costes de producción, no así el precio que perciben por sus productos, «porque nós non estamos percibindo esa subida que se aplica nos mercados».

Durante los próximos quince días, Unións Agrarias recorrerá toda Galicia informando a los consumidores de que los agricultores no son los responsables del encarecimiento de la cesta de la compra. «Alguén pode pensar que nos estamos a facer ricos», explica Pablo García, secretario de organización.

Es el caso del calabacín, por el que el agricultor cobra 0,24 euros y que se vende, en cambio, a 1,63 euros. Lo mismo sucede con la cebolla, que pasa de 0,24 a 1,15 euros. «Está moi claro quen é o que gaña porque os marxes, de media, superan o 300%», aseguró Dopazo. Aprovechó la ocasión para recordarle a los consumidores que los productos que llegan al mercado desde países extranjeros no ofrecen las mismas garantías que los que se producen en España.

La Voz de Galicia



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loaira
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